Extracto

En el 2002 estaba muerto de miedo. La idea de mudarme a Madrid y empezar a buscarme la vida por mi cuenta sonaba fascinante y aterradora. Sobre todo cuando el objetivo era descabellado: quería ser actor. Cuando se lo planteé a mis padres, lejos de sorprenderse, contestaron que tras tantos años de música, dibujo ó teatro lo “raro” es que hubiese terminado Derecho (que era lo que estudiaba en aquel tiempo).

Estudié tres años en una Escuela de Arte Dramático y, aunque no paré de trabajar como actor durante todo el tiempo que duró mi periplo artístico, siempre tuve que combinar esta actividad con otra que me permitiese alcanzar objetivos más mundanos como pagar el alquiler o llenar la nevera. Así, casi por casualidad descubrí el mundo del marketing. Aunque sólo fuese por contradecir el cliché de aspirante a actor/camarero decidí dirigir mi camino siguiendo otras rutas y tras unos escarceos con la gestión de eventos y la guerrilla del tele-marketing me vi a mí mismo formando a un equipo de veinte personas, con la palabra como único arma, sobre cómo hacer una correcta gestión de clientes.

Ahí fue cuando descubrí un nuevo mundo ante mí en el que muchas de esas cosas que había aprendido sobre un escenario eran igualmente aplicables ante un cliente, ante tu propio jefe ó ante cualquier tipo de audiencia; aplomo, imaginación y capacidad de comunicación. Si cada uno debe mostrar y potenciar sus mejores armas, ése es mi arsenal.

A día de hoy, con casi una década de experiencia a mis espaldas, de conocimientos técnicos sobre marketing, comunicación ó gestión de colectivos, me encuentro una vez más ante esa puerta que constituye una nueva andadura que no es en realidad otra cosa que la continuación lógica de todo lo anterior. Éste nuevo mundo 2.0 me vuelve a fascinar tanto como el escenario en su día aunque estos retos ya no me atemorizan. Más bien me incitan cada vez a ir un poco más allá.

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